“Crear Discípulos”

Visión

Que cada persona sea alcanzada con el evangelio y se conviertan en discípulos comprometidos del Señor a través de la inversión directa de personas espirituales que le enseñen y modelen la Palabra de Dios.

Misión

Somos una iglesia que crea discípulos a través de la predicación expositiva y bíblica, la enseñanza en grupos pequeños, el compañerismos continuo de los creyentes y la inversión de creyentes directamente en la vida de otros de todas las edades.

Valores

Santidad - Buscamos vivir vidas libres de pecado e imitando a Cristo.

Compromiso - Todo lo que emprendemos lo hacemos sabiendo que necesitamos entrega total y sacrificio.

Veracidad - Hablamos solo la verdad en amor sin importar las consecuencias.

Transparencia - Damos la información necesaria para que nunca los líderes puedan hacer algo a escondidas que violente la Palabra de Dios.

Excelencia - Cada aspecto de nuestra organización debe ser tratado con un deseo de glorificar a Dios. La calidad define lo que hacemos.

Valentía - Tomamos decisiones difíciles porque lo que es más cómodo no siempre es mejor.

Honestidad - Hablamos la verdad en amor y admitimos lo que no podemos hacer y lo que necesitamos mejorar. Confrontamos amorosamente cuando necesario.

Inversión Directa - Sabemos que solo la inversión directa en las personas logra que cambien y crezcan.

Relaciones Profundas - La vida cristiana no se vive en aislamiento o solo con el núcleo familiar. Las relaciones que tenemos con otros deben ser íntimas y personales.

Servicio - Porque hacemos las cosas como para el Señor entendemos que la manera de honrarle es a través de entregarnos a las personas que son hechas a su imagen.

Alcance - En todo lo que emprendemos buscamos ser luz de Cristo a los que no conocen al Señor. Protegemos nuestro testimonio cristiano y predicamos a Cristo constantemente.

 

Lo que Creemos

Sagradas Escrituras

Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios e inspirada por el Espíritu Santo. Creemos que los manuscritos originales son infalibles e inerrantes. Las Sagradas Escrituras son la autoridad final en materia de fe y vida cristiana: tienen a Dios como autor, la salvación como propósito y la verdad como estandarte. (2 Timoteo 3:15-17; 1 Pedro 1:23-25; 2 Pedro 1:19-21)

Dios

Hay un solo Dios vivo y verdadero. Es un Ser supremo, personal, santo, infinito, soberano, todopoderoso, omnisciente, omnipresente, justo, amoroso, misericordioso y piadoso, que habita la eternidad en luz inaccesible y existe como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y que, aunque es trino en personas, es uno en esencia. Él es el único Dios vivo y verdadero, Autor y Sustentador de toda la creación. A Él le debemos el más alto amor, reverencia y obediencia. El Dios trino y eterno existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con atributos personales distintos, pero sin división de naturaleza, esencia o ser. (Dt 6:4; Ex 3:14; Ex 34:6-7; Is 57:15; Jn 4:24; I Jn 1:5; I Ts 1:9)

Dios Padre

Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre Su universo, Sus criaturas y el fluir de la corriente de la historia humana conforme a los propósitos de Su gracia. Él es todopoderoso, omnisciente, amoroso y sabio. Dios es Padre en verdad para aquellos que se convierten en hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Es paternal en Su actitud hacia todos los hombres. (Gn 1:1; 2:7; Ex 3:14; 6:2-3; 15:11.; 20:1.; Lev 22:2; Dt 6:4; 32:6; 1 Cr 29:10; Sal 19:1-3; Is 43:3,15; 64:8; Jer 10:10; 17:13; Mt 6:9.; 7:11; 23:9; 28:19; Mr 1:9-11; Jn 4:24; 5:26; 14:6-13; 17:1-8; Hch 1:7; Ro 8:14-15; 1 Cor 8:6; Gál 4:6; Ef 4:6; Col 1:15; 1 Tim 1:17; Heb 11:6; 12:9; 1 Ped 1:17; 1 Jn 5:7)

Dios Hijo

Cristo es el eterno Hijo de Dios. En Su encarnación como Jesucristo fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la virgen María. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, tomando sobre Sí la naturaleza humana con sus exigencias y necesidades e identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado. Honró la ley divina mediante su obediencia personal, y en Su muerte sustitutiva en la cruz hizo provisión para la redención de los hombres del pecado. Resucitó de entre los muertos con un cuerpo glorificado y se apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de Su crucifixión. Ascendió al cielo y ahora está exaltado a la diestra de Dios, donde es el único Mediador, completamente Dios, completamente hombre, en cuya Persona se efectúa la reconciliación entre Dios y el hombre. Regresará en poder y gloria para juzgar al mundo y consumar Su misión redentora. Ahora mora en todos los creyentes como el Señor vivo y siempre presente. (Gn 18:1.; Sal 2:7; 110:1ss.; Is 7:14; 53; Mt 1:18-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16,27; 17:5; 27; 28:1-26,19; Mr 1:1; 3:11; Lc 1:35; 4:41; 22:70; 24:46; Jn 1:1-18,29; 10:30,38; 11:25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:15-16,28; 17:1-5, 21-22; 20:1-20,28; Hch 1:9; 2:22-24; 7:55-56; 9:4-5,20; Ro 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3,34; 10:4; 1 Cor 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8,24-28; 2 Cor 5:19-21; 8:9; Gál 4:4-5; Ef 1:20; 3:11; 4:7-10; Fil 2:5-11; Col 1:13-22; 2:9; 1 Ts 4:14-18; 1 Tim 2:5-6; 3:16; Tit 2:13-14; Heb 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15,24-28; 12:2; 13:8; 1 Ped 2:21-25; 3:22; 1 Jn 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9; 2 Jn 7-9; Ap 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16)

Dios Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, es la tercera persona de la Trinidad y es una persona, no una fuerza impersonal; es verdaderamente Dios junto con el Padre y el Hijo. Inspiró a los hombres santos de la antigüedad para que escribieran las Escrituras. Mediante la iluminación, capacita a los hombres para comprender la verdad. Exalta a Cristo. Convence a los hombres de pecado, de justicia y de juicio. Llama a los hombres al Salvador y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración, bautiza a cada creyente y lo une al Cuerpo de Cristo. Cultiva el carácter cristiano, consuela a los creyentes y les otorga los dones espirituales mediante los cuales sirven a Dios por medio de su iglesia. Sella al creyente hasta el día de la redención final. Su presencia en el cristiano es la garantía de que Dios llevará al creyente a la plenitud de la estatura de Cristo. Ilumina y capacita al creyente y a la iglesia en la adoración, la evangelización y el servicio. (Gn 1:2; Jue 14:6; Job 26:13; Sal 51:11; 139:7ss.; Is 61:1-3; Jl 2:28-32; Mt 1:18; 3:16; 4:1; 12:28-32; 28:19; Mr 1:10,12; Lc 1:35; 4:1,18-19; 11:13; 12:12; 24:49; Jn 4:24; 14:16-17,26; 15:26; 16:7-14; Hch 1:8; 2:1-4,38; 4:31; 5:3; 6:3; 7:55; 8:17,39; 10:44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6; Ro 8:9-11,14-16,26-27; 1 Cor 2:10-14; 3:16; 12:3-11,13; Gál 4:6; Ef 1:13-14; 4:30; 5:18; 1 Ts 5:19; 1 Tim 3:16; 4:1; 2 Tim 1:14; 3:16; Heb 9:8,14; 2 Ped 1:21; 1 Jn 4:13; 5:6-7; Ap 1:10; 22:17)

El hombre

Afirmamos que el hombre y la mujer fueron creados por Dios a Su imagen y semejanza. En el principio el hombre era inocente de pecado y fue dotado por su Creador con libertad de elección. Por la tentación de Satanás y en su libre elección el hombre transgredió el mandato de Dios, pecó y cayó de su inocencia original, por lo que su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente inclinados al pecado. Por lo tanto, tan pronto como son capaces de actuar moralmente, se convierten en transgresores y están bajo condenación.

Creemos además que Dios creó al hombre y a la mujer directa y personalmente, que es Dios quien soberanamente escoge el sexo de cada ser humano (varón o hembra) y que ningún tipo de operación física, ni construcción social, ni elección personal, cambia el sexo de un individuo ante Dios.

Entendemos que la Biblia enseña que el matrimonio bíblico es la unión entre un hombre (nacido biológicamente hombre) y una mujer (nacida biológicamente mujer) y no aceptamos ni aprobamos otro tipo de unión, aunque el Estado la reconozca como una unión legal. Por lo tanto, los pastores de IBBT solo oficiarán matrimonios de parejas que cumplan con las Sagradas Escrituras y estas declaraciones doctrinales. (Gn 1:26-30; 2:5,7,18-22; 3; 9:6; Sal 1; 8:3-6; 32:1-5; 51:5; Is 6:5; Jr 17:5; Mt 16:26; Hch 17:26-31; Ro 1:19-32; 3:10-18,23; 5:6,12,19; 6:6; 7:14-25; 8:14-18,29; 1 Cor 1:21-31; 15:19,21-22; Ef 2:1-22; Col 1:21-22; 3:9-11, Heb 9:27).

El pecado

Afirmamos que la voluntad de Dios para nuestra conducta lo revela Él mismo en la Biblia. Afirmamos que los mandamientos que se encuentran en la Biblia nos muestran la santidad y justicia de Dios, Sus requisitos para tener comunión con Él y la impotencia humana para justificarse a sí mismo ante Dios. Es por esta razón que el hombre está destituido de la presencia y gloria de Dios: El hombre es pecador. Creemos que la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, define los mandamientos sobre la moralidad y nos enseña que debemos rechazar todo pecado.

Afirmamos que Dios nos llama a rechazar de manera colectiva e individual todo tipo de maldad, impiedad e injusticia, que incluye, entro otros:

a. incredulidad, soberbia, envidia, avaricia, odio, concupiscencia y perversidad, entre otros;

b. mentira, chisme, calumnia y murmuración, y otros;

c. hurto, homicidio, fornicación, homosexualidad, adulterio, y “cosas semejantes a éstas”. (Ex 20:1-17; Gál 5:16-24; Ef 4:17-32; I Ped 1:16)

La salvación

La salvación implica la redención total del hombre y se ofrece gratuitamente a todos los que aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, quien por Su propia sangre obtuvo redención eterna para el creyente. No hay salvación aparte de la fe personal en Jesucristo como Señor. En su sentido más amplio la salvación incluye la regeneración, la justificación, la santificación, y la glorificación. 

A. el nuevo nacimiento, es una obra de la gracia de Dios por la cual los creyentes llegan a ser nuevas criaturas en Cristo Jesús. Es un cambio de corazón, obrado por el Espíritu Santo por medio de la convicción de pecado, al cual el pecador responde en arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. El arrepentimiento y la fe son experiencias inseparables de gracia. El arrepentimiento es tornar del pecado hacia Dios. La fe es la aceptación de Jesucristo y la dedicación de la personalidad total a Él como Señor y Salvador.

B. es la obra de gracia de Dios y la completa absolución basada en los principios de su gracia hacia todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. La justificación coloca al creyente en una relación de paz y favor con Dios.

C. es la experiencia que comienza en la regeneración, mediante la cual el creyente es separado para los propósitos de Dios y capacitado para progresar hacia la madurez moral y espiritual por medio de la presencia del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en gracia debe continuar durante toda la vida de la persona regenerada.

D. es la culminación de la salvación y es el estado bendito y permanente del redimido.

Creemos que Cristo murió por nosotros para salvarnos del castigo del pecado y satisfacer las demandas justas de un Dios Santo. Creemos que una vez que somos salvos por Cristo hemos sido perdonados, restaurados a una comunión con Dios y somos adoptados a Su familia, somos hechos hijos de Dios y preservados para vivir en comunión con Dios eternamente.

Creemos en la perseverancia de los santos, es decir, que una vez somos perdonados y adoptados como hijos, Dios no da marcha atrás; la salvación no se pierde y es eterna. Creemos en la resurrección corporal de todos los muertos: los justos para vida eterna y los injustos para condenación eterna. (Gn 3:15; Ex 3:14-17; 6:2-8; Mt 1:21; 4:17; 16:21-26; 27:22-28:6; Lc 1:68-69; 2:28-32; Jn 1:11-14,29; 3:3-21,36; 5:24; 10:9,28-29; 15:1-16; 17:17; Hch 2:21; 4:12; 15:11; 16:30-31; 17:30-31; 20:32; Ro 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3; 5:8-10; 6:1-23; 8:1-18,29-39; 10:9-10,13; 13:11-14; 1 Cor 1:18, 30; 6:19-20; 15:10; 2 Cor 5:17-20; Gál 2:20; 3:13; 5:22- 25; 6:15; Ef 1:7; 2:8-22; 4:11-16; Fil 2:12-13; Col 1:9-22; 3:1; 1 Ts 15:23-24; 2 Tim 1:12; Tit 2:11-14; Heb 2:1-3; 5:8- 9; 9:24-28; 11:1-12:8, 14; Stg 2:14-26; 1 Ped 1:2-23; 1 Jn 1:6-2.11; Ap 3:20; 21:1-22)

La Iglesia

Creemos que la Iglesia es un organismo vivo, el cuerpo espiritual del Señor Jesucristo, quien es su cabeza. Una iglesia del Nuevo Testamento del Señor Jesucristo es una congregación local y autónoma de creyentes bautizados y asociados en un pacto en la fe y el compañerismo del evangelio, que cumple con las dos ordenanzas de Cristo, es gobernada por sus leyes, ejercita los dones, derechos y privilegios con los cuales han sido investidos por su Palabra, y que trata de predicar el evangelio hasta los fines de la tierra.

Creemos además que la iglesia local es una congregación de personas nacidas de nuevo, llamadas por Cristo a salir del mundo para ser Su pueblo exclusivo.  

Sus oficiales escriturales son pastores y diáconos. Aunque tanto los hombres como las mujeres son dotados para servir en la iglesia, el oficio de pastor está limitado a los hombres, como lo establece la Escritura. Practicamos el complementarianismo. El Nuevo Testamento habla también de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, que incluye a todos los redimidos de todas las edades, creyentes de cada tribu, lengua, pueblo, y nación.

Sus líderes terrenales son los pastores, también llamados ancianos y obispos en la Biblia. Los diáconos son ministros de ayuda a los pastores y a la congregación en general. Creemos además que el Señor Jesucristo instituyó dos ordenanzas para Su Iglesia: el bautismo y la cena del Señor. Creemos en el bautismo por inmersión como el primer paso de obediencia por el cual el convertido se identifica en unión con Cristo con la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Entendemos que el bautismo no salva, es un acto de identificación con Cristo. Creemos que la cena del Señor es una acto que tipifica la muerte del Señor hasta que Él venga, que los elementos, el pan y el fruto de la vid, son símbolos de Su cuerpo quebrantado y Su sangre derramada, y que nuestra participación en los tales es un testimonio de la comunión del creyente con Cristo. (Mat 16:15-19; 18:15-20; Mat 28:19-20; Hch 2:41-42, 47; 5:11-14; 6:3-6; 14:23,27; 15:1-30; 16:5; 20:28; Rom 1:7; Rom 6:1-11; 1 Cor 1:2; 3:16; 5:4-5; 7:17; 9:13-14; 12, I Cor 11:3; I Cor 11:23-34; Ef 1:22-23; 2:19-22; 3:8-11,21; 5:22-32; Fil 1:1; Col 1:18; 1 Tim 2:9-14; 3:1-15; 4:14; Heb 11:39-40; 1 Ped 2:9-10; 1 Ped 5:1-4; Ap 2-3; 21:2-3)

La familia y vida humana

Dios ha ordenado la familia como la institución fundamental de la sociedad humana; está compuesta por personas relacionadas unas con otras por matrimonio, sangre o adopción.

El matrimonio es la unión de un hombre (nacido genéticamente hombre) y una mujer (nacida genéticamente mujer) en un pacto de compromiso por toda la vida. Es el don único de Dios para revelar la unión entre Cristo y Su iglesia y para proveer para el hombre y la mujer en el matrimonio un medio para compañerismo íntimo, el canal para la expresión sexual de acuerdo con los patrones bíblicos, y los medios para la procreación de la raza humana.

El esposo y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, puesto que ambos fueron creados a la imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma en que Dios se relaciona con Su pueblo. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Él tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger y dirigir a su familia. Una esposa debe someterse con gracia al liderazgo como siervo de su esposo, así como la iglesia se sujeta voluntariamente a la dirección de Cristo. Ella, siendo creada a la imagen de Dios como lo es su marido y por tanto igual a él, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su marido y servirle de ayuda en la administración del hogar y la educación de la próxima generación.

Los niños, desde el momento de la concepción, son una bendición y herencia del Señor. Los padres deben demostrar a sus hijos el modelo de Dios para el matrimonio. Los padres deben enseñar a sus hijos los valores espirituales y morales, y dirigirlos, mediante el ejemplo de un estilo de vida consistente y una disciplina amorosa, para que hagan decisiones basadas en la verdad bíblica. Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres. (Gn 1:26-28; 2:15-25; 3:1-20; Ex 20:12; Dt 6:4-9; Jos 24:15; 1 Sm 1:26-28; Sal 51:5; 78:1-8; 127; 128; 139:13-16; Prov 1:8; 5:15- 20; 6:20-22; 12;4; 13:24; 14:1; 17:6; 18:22; 22:6, 15; 23:13-14; 24:3: 29:15, 17; 31:10-31; Ecl 4:9-12; 9:9; Mal 2:14-16; Mt 5:31-32; 18:2-5; 19:3-9; Mr 10:6-12; Rom 1:18-32; 1 Cor 7:1-16; Efe 5:21-33; 6:1-4; Col 3:18-21; 1 Tim 5:8, 14; 2 Tim 1:3-5; Tit)

No apoyamos el movimiento LBGTQ+ y no pueden ser miembros de IBBT aquellos que se identifiquen con (o practique) este estilo de vida y/o estilos de vida similares. Creemos que cualquier forma de homosexualidad, lesbianismo, bisexualidad, transexualidad, bestialidad, incesto, fornicación, adulterio y pornografía son perversiones pecaminosas del don de la sexualidad que Dios nos ha dado (Génesis 2:24; 19:5, 13; 26:8-9; Levítico 18:20-24; Romanos 1:26-29; 1 Corintios 5:1; 6:9; 1 Tesalonicenses 4:1-8; Hebreos 13:4). La homosexualidad existe porque la humanidad le ha dado la espalda a Dios; en consecuencia, Dios ha entregado a los homosexuales a las consecuencias de sus propias decisiones (Romanos 1:21-28). La Biblia condena claramente la homosexualidad como pecado, ya sea que la practiquen hombres o mujeres. Dios declaró que el estilo de vida homosexual de los habitantes de Sodoma y Gomorra constituía un pecado sumamente grave (Génesis 18:20). Las acciones de los hombres de aquella ciudad —tanto ancianos como jóvenes— que estaban involucrados en este pecado se describen con claridad en Génesis 19.

Su intención era mantener una relación homosexual con los dos ángeles que se habían aparecido allí en forma de hombres (v. 5). Lot se refirió a su deseo como un acto perverso (v. 7). Finalmente, el Señor juzgó su pecado infligiéndoles ceguera y, posteriormente, destruyendo sus ciudades (vv. 11, 24, 25).

Dios califica la homosexualidad como una abominación: «No te acostarás con varón como con mujer; es abominación» (Levítico 18:22). Además, Dios demostró Su postura respecto a la homosexualidad al designar a reyes piadosos en el Antiguo Testamento para que la juzgaran. Por ejemplo, Asa, Josafat y Josías juzgaron este pecado (1 Reyes 15:22; 22:46; 2 Reyes 23:7).

La Palabra de Dios declara claramente que la homosexualidad no conoce barreras sociales ni de edad (Génesis 19:4). Aquellos que practican este pecado como un estilo de vida no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 6:9; 1 Juan 3:9). Dios también establece con claridad que Él ama a toda la humanidad (Juan 3:16). Si una persona homosexual se arrepiente y recibe a Jesús, Él la perdonará (Lucas 13:3; Efesios 1:7). Además, Dios le dará el poder para vivir una vida en armonía con Su voluntad (2 Pedro 1:3-4). Dios ha dado a esta Iglesia instrucciones claras con respecto a Su visión sobre la homosexualidad. Como resultado, esta Iglesia y sus ministerios no tolerarán las relaciones entre personas del mismo sexo, el matrimonio homosexual, las uniones civiles homosexuales, la adopción de niños por parte de homosexuales, ni la fecundación in vitro de lesbianas en ninguna parte de la organización o de los ministerios de esta Iglesia —incluyendo su liderazgo, membresía, personal y estudiantes—; cualquiera de ellos estará sujeto a disciplina eclesiástica, expulsión o terminación de sus funciones si se descubre que está involucrado en estas prácticas. Esta Iglesia no permitirá que una persona que se declare y/o practique la homosexualidad se convierta en miembro de esta Iglesia ni que conserve su membresía eclesiástica.

Los pastores de la iglesia solo efectuaran matrimonios (y solo reconocerán matrimonios) que cumplan con la declaración de fe la Iglesia Bautista Bíblica de Tucson.

Creemos que la vida humana comienza en la concepción y que el bebé por nacer es un ser humano vivo. El aborto constituye la privación injustificada e inexcusable de la vida humana por nacer. El aborto es asesinato. Rechazamos cualquier enseñanza que considere aceptables los abortos de embarazos resultantes de violación, incesto, defectos congénitos, selección de género, control de la natalidad o de la población, o por el bienestar mental de la madre (Éxodo 21:22-25; Salmos 139:14-16; Isaías 44:24; 49:1, 5; Jeremías 1:5; Lucas 1:44).

Creemos que la supresión directa de una vida humana inocente constituye un mal moral, independientemente de la intención. La vida es un don de Dios y debe ser respetada desde la concepción hasta la muerte natural. Por consiguiente, creemos que todo acto u omisión que, por sí mismo o por su intención, cause la muerte con el fin de eliminar el sufrimiento constituye un asesinato contrario a la voluntad de Dios. La interrupción de procedimientos médicos que resulten extraordinarios o desproporcionados con respecto al resultado esperado puede constituir un rechazo legítimo a un tratamiento excesivo (Éxodo 20:13; 23:7; Mateo 5:21; Hechos 17:28).

Eventos futuros: Los Últimos Tiempos

Dios, en Su propio tiempo y a Su propia manera, traerá el mundo a su fin apropiado de acuerdo con Su promesa. Creemos que las Escrituras enseñan que Jesucristo vendrá corporal y visiblemente para resucitar a los muertos antes de ser juzgados. Creemos además que las Escrituras enseñan que habrá un juicio final en el cual el Dios Santo separará los justos —salvados por gracia soberana y gracia inmerecida a través de la fe en el sacrificio vicario de Jesucristo en la cruz del Calvario donde pagó la pena de sus pecados— y pondrá aparte aquellos cuyos nombres no se “hallaron inscritos en el libro de la vida” para ser condenados y lanzados a un lago de fuego.

Finalmente entendemos que las Escrituras enseñan que luego de este gran juicio Jesucristo establecerá Su Reino eterno donde habrá cielos y tierra nueva. Los justos en sus cuerpos resucitados y glorificados recibirán su recompensa y morarán para siempre con el Señor. (Isa 2:4; Mat 16:27; 18:8-9; 19:28; 24:27, 30, 36, 44; 25:31-46; 26:64; Mar 8:38; 9:43-48; Luc 12:40,48; 16:19-26; 17:22-37; 21:27-28; Jn 14:1-3; Hch 1:11; 17:31; Rom 14:10; 1 Cor 4:5; 15:24-28, 35-58; 2 Cor 5:10; Fil 3:20-21; Col 1:5; 3:4; 1 Tes 4:14-18; 5:1 y sgts. 2 Ts 1:7 y sgts. 2; 1 Tim 6:14; 2 Tim 4:1, 8; Tit 2:13; Heb 9:27-28; Stg 5:8; 2 Ped 3:7 y sgts. 1 Jn 2:28; 3.2; Jud 14; Ap 1:18; 3:11; 20:1-22:13